Los gatos y el frío

Los gatos también pasan frío

Por qué ocurre, cómo les afecta y qué podemos hacer para ayudarles

gatito junto radiador

Los gatos también pasan frío, aunque muchas veces no lo percibamos así desde nuestra experiencia humana. Entender cómo funciona su cuerpo, de dónde vienen y cómo regulan su temperatura es clave para cuidar su salud, especialmente cuando hablamos de gatos mayores, gatos enfermos o gatos que viven exclusivamente en interior.

En esta guía te explico por qué el frío afecta a nuestros gatos, qué consecuencias tiene a nivel fisiológico y energético y cómo podemos ayudarles a mantener el calor de forma respetuosa y adaptada a sus necesidades reales.

El origen del gato doméstico y su relación con el calor

Nuestros gatos descienden del Felis silvestris lybica, un felino originario de zonas desérticas y climas cálidos. Su cuerpo evolucionó para conservar el calor, no para perderlo.

Esto es fundamental para entender por qué el frío ambiental supone un reto fisiológico para ellos.

La temperatura corporal normal del gato se sitúa entre 38 y 39,5 °C, más alta que la humana. Cuanto más alta es la temperatura basal de un mamífero, más sensible es a las bajas temperaturas ambientales.

Mientras que para nosotros una casa a 20 o 22 °C resulta confortable, para un gato esa temperatura ya es fría. La zona de confort térmico del gato se encuentra aproximadamente entre 30 y 38 °C estando esto muy alejado de la temperatura en nuestro hogar.

El pelaje del gato no es un abrigo de invierno

gato durmiendo

Existe la creencia de que el pelaje protege completamente al gato del frío, pero esto no es del todo cierto.

El gato no tiene una doble capa aislante como los animales mamíferos adaptados a climas fríos. Su pelaje ayuda a regular la temperatura, sí, pero no funciona como un abrigo térmico invernal.

Además, su grasa subcutánea no es solo una reserva energética, también actúa como regulador térmico. En gatos con bajo porcentaje graso, edad avanzada o con alguna enfermedad, esta función se ve comprometida.

El sedentarismo del gato doméstico y la pérdida de masa muscular

El gato que vive en interior ya no se mueve como lo haría en la naturaleza.
No corre, no trepa, no caza, no mantiene el nivel de actividad física para el que su cuerpo fue diseñado.

Esto provoca una pérdida progresiva de masa muscular, conocida como sarcopenia, especialmente marcada en gatos adultos y seniors.

El músculo es uno de los principales productores de calor corporal y cuando hay menos músculo, el gato genera menos calor interno, por lo que siente el frío con mayor intensidad.

Por este motivo, muchos gatos buscan constantemente mantas, cuevas, radiadores o incluso nuestro propio cuerpo al dormir.
No es que en invierno estén más cariñosos sino que es una respuesta fisiológica al frío y al sedentarismo.

El frío y el gasto energético en el cuerpo del gato

Energia en gatos

Regular la temperatura corporal consume energía y cuando el entorno es frío, el organismo del gato necesita desviar recursos energéticos para mantener su temperatura interna estable.

Esa energía que se utiliza para calentarse deja de estar disponible para otros órganos y funciones vitales siendo esta especialmente importante en gatos con enfermedades crónicas.

Frío e insuficiencia renal crónica en gatos

gato y juegos

En la insuficiencia renal crónica, el riñón necesita un gran aporte energético para poder funcionar y compensar su pérdida de capacidad.

Cuando el gato pasa frío, parte de esa energía se desvía a la termorregulación, lo que puede suponer un estrés fisiológico añadido.

Además, el frío puede aumentar la vasoconstricción periférica, afectando a la perfusión renal y al bienestar general del gato.

Por eso, en gatos renales, mantener una temperatura ambiental adecuada y ofrecer fuentes de calor estables no es un lujo, es una necesidad.

El frío y la artrosis felina

En gatos con artrosis o dolor articular, el frío no solo resulta incómodo, sino que puede aumentar la rigidez, el dolor y la inflamación articular.

Las bajas temperaturas favorecen la rigidez muscular y articular, disminuyen la movilidad y pueden incrementar el malestar y el estrés del gato.

El calor, en cambio, ayuda a relajar la musculatura junto al calentamiento de las articulaciones, mejora la circulación local y proporciona alivio, de forma muy similar a una manta térmica suave.

Cómo ayudar a nuestros gatos a mantener el calor en casa

Adaptar el hogar al cuerpo del gato no es humanizarlo, es entender su biología.

Algunas ideas sencillas y efectivas:

  • Colocar mantas amorosas y cálidas en distintas superficies de la casa para que no se tumben en muebles con superficies que no aíslan del frío.

  • Ofrecer camas elevadas cerca de radiadores o zonas soleadas para que tengan calor constante.

  • Crear cuevas o refugios donde puedan aislarse del frío.
    Permitir que el gato elija dónde descansar según sus necesidades

  • Usar camas térmicas que mantengan una temperatura estable y que creen un microclima interno.

  • Calentarles la comida y no ofrecérsela a temperatura ambiente o mucho menos fría. El gato en la naturaleza caza presas vivas con una temperatura de 38 grados y por ello, calentarles la comida ayuda a que no pierdan tanta energía.

La cama ThermoSwitch

cama gato thermoswich
Cama ThermoSwitch

Mi gata Zoe tiene artrosis y además insuficiencia renal y por ello, descansa en una cama cueva con tecnología ThermoSwitch.

Esta cama no necesita estar enchufada a la luz, ya que gracias a tu material con el que está fabricado, funciona reteniendo el propio calor corporal del gato y reflejándolo por toda la superficie, manteniendo una temperatura cálida y estable.

Esto permite que el cuerpo del gato reduzca el gasto energético destinado a calentarse y pueda utilizarlo para ayudar a mantener el funcionamiento de su riñón, aliviar la rigidez articular que deja el frío y obtener una sensación profunda de descanso y seguridad.

Zoe no usa esta cama porque sea bonita, que también lo es, sino que la usa porque su cuerpo la agradece.

Qué gatos se benefician especialmente del calor de las camas ThermoSwitch

  • Gatos mayores o seniors que tienen una mayor pérdida de masa corporal

  • Gatos con artrosis o dolor articular

  • Gatos con insuficiencia renal crónica

  • Gatos caseros o sedentarios con poca masa muscular

  • Gatos convalecientes o enfermos

  • Gatos miedosos, sensibles o que buscan refugio ya que el calor les aporta mayor bienestar

Si quieres ver este tipo de camas térmicas, puedes encontrarlas aquí

Cuidar no es humanizar

Que un gato busque de forma recurrente el sol, las mantas o espacios cerrados donde conservar el calor no es un comportamiento casual ni una preferencia “caprichosa”. Responde a mecanismos fisiológicos de termorregulación propios de una especie adaptada a climas cálidos y con una temperatura corporal elevada.

Comprender estas conductas no implica humanizar al gato, sino entender cómo funciona su organismo y ajustar el entorno doméstico a sus necesidades reales. El hogar moderno suele mantenerse a temperaturas confortables para las personas, pero insuficientes para muchos gatos, especialmente aquellos de edad avanzada, sedentarios o con patologías crónicas.

El frío ambiental supone un esfuerzo fisiológico adicional para el cuerpo del gato, que debe destinar energía a mantener su temperatura corporal en lugar de emplearla en otras funciones orgánicas. Por ello, el manejo térmico del entorno es un factor relevante dentro del cuidado integral de la salud felina y no debe subestimarse.

Si convives con gatos, especialmente seniors, sedentarios o con enfermedades crónicas, revisar el confort térmico del hogar es una parte importante de su cuidado diario. Pequeños ajustes, como ofrecer superficies cálidas, refugios adecuados o camas térmicas, pueden marcar una diferencia real en su bienestar.

Gracias por leer esta guía, por querer tanto a tu gato y por interesarte en comprender mejor sus necesidades físicas. Un entorno adaptado es una de las bases para una convivencia saludable y respetuosa.

Con amor

Ana

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